Talking about the world / Hablando del mundo

Cuento: El dinosaurio del mural

Me asomaba por la ventana y observaba el mural al otro lado de la calle, casi todos los días así era, en esos momentos en los que no tenía nada que hacer y no tenía ganas de hacer nada, tomaba solo un vistazo para quedarme perdido en el arte que llenaba la pared. Estaba pintado un paisaje con flores, una mezcla de tulipanes, rosas, margaritas y girasoles; cuidando de ellas un cielo azul, y al lado un dinosaurio caricaturesco que era el logo del negocio. Era lindo, pues no importaba el día, siempre tenía un cielo brillante enfrente de mi. Al salir me acercaba, cerca, muy de cerca me ponía a ver los detalles, mientras pasaba caminando recorría con la vista la pintura, me gustaba ver los rastros de pinceladas. Después me alejaba. Cuando llegaba a la esquina, cruzaba la calle, entonces desaparecía en una mancha inestable de azul con puntos naranjas y amarillos. Por la ciudad también me encontraba con otros murales, pero no me causaban la misma impresión de querer admirarlos, siempre mi favorito ha sido el de las flores.

El mural era de una dulcería, se me olvidó mencionar. Cuando ya no hubo muchos niños alrededor, porque todos los hijos crecieron (qué rápido crecieron) o se mudaron a una ciudad más grande y con más oportunidades, el negocio sufrió, terminaron cerrando porque no les alcanzó con los adultos que aún tenían los caprichos dulceros. Cada día que pasaba me inquietaba que la pared fuera vandalizada, me asomaba nervioso por las noches para ver si surgía alguna sombra sospechosa, como suele pasar en los edificios abandonados. También estaba la opción de que alguien se adueñara del lugar y maquillara la fachada con nada más que un triste color. Pero a mi sorpresa, lo que más dañó esta exhibición de arte fue el paso del tiempo. La pintura adelgazó tal piel de cacahuate y una a una las flores dejaron de existir, el cielo se disolvía en un blanco como si lo atravesara la luz, y el dinosaurio simpático quedó tuerto, con su cola de lagartija cada vez más corta. Todo se lo comía el sol.

Es por eso que pinté una casa que no era mía. Si de casualidad un niño pasaba por ahí, se hubiera asustado al ver a la pobre criatura disuelta en la nada, y si lo hubieran visto los niños de hace 10 años creo que les saldría una lágrima. Pensé que sería una maldad dejar abandonado a un mural que fue nuestro compañero del camino, nos saludaba por la mañana al salir de la casa y nos daba la bienvenida llegando de la escuela. ¡Hasta ese dinosaurio hacía de portero cuando jugábamos futbol! Y ahora que lo veía sufriendo, derritiéndose en el calor, ¿cómo no hacer nada?, ¿cómo no aliviarlo con brochazos frescos de pintura?

Algo parecido le dije a los nuevos dueños del local, se sorprendieron por mi dedicación de todos estos años y me dejaron seguir con el mantenimiento del mural, pero con la condición de que el dinosaurio debía desaparecer, no podían dejar la mascota de otro negocio por obvias razones. El negocio nuevo es un pequeño restaurante donde venden el desayuno y el almuerzo, por lo que el mural le da un tono alegre, de confianza al lugar. Claro que yo no me rendí, después de que tapé el dinosaurio con pintura, dibujé otro chiquito, escondido en una de las tantas flores, ahí esta sentado como disfrutando de la brisa del campo. No creo que se den cuenta, porque los dueños están más que ocupados adentro y el único que ve el mural de cerca soy yo.

Dibujo de un pequeño dinosaurio verde en una flor roja

Se me ocurrió la idea de hacer este dibujo para el cuento (en paint), fue divertido.


Palabras usadas del reto:

Las palabras me sonaban más para algo de terror, pero no leo ni veo terror así que me fui por otro camino.

Gracias por leer :)

#club-cuentistas #esp #fiction