Cuento: Minigolf
Iba al minigolf cuando las cosas se ponían feas, cada casita o figura plasticosa que le daba personalidad a los hoyos, él los adoraba como si fueran dioses y su forma de rezarles era practicar una y otra vez, recoger las pelotas que se desviaban de dirección y volver a empezar. Sentía que derrotar a los guardianes de cada hoyo haría que se llevaran sus problemas, y si no lo hacían al menos se distraía un momento, enojándose con la rebelde trayectoria de la pelota, que era un problema más trivial y se arreglaba fácil, con más intentos y más esfuerzo.
Parecía un vicio, porque incluso sin dinero se colaba en el lugar y no soportaba dejar de visitarlo por más de una semana, pero el minigolf no le robaba nada, no le robaba salud o su vida como otros vicios, le ofrecía una calidez solitaria, un lugar seguro y tierno que lo cuidaba. Él solo iba cada tanto como señal de respeto, pues ahí fue su primera salida con su familia y luego con sus amigos.
Hoy otra vez amaneció en el hoyo 10, era su hoyo favorito porque era como la casa en el árbol que siempre quiso tener, la admiraba y se la imaginaba colgada en alguno de los parques que frecuentaba; de pequeño cuando hacía cuevas con sábanas y sillas de la sala, también hacía como que huía al mundo del minigolf. Adentro de la casita el mundo parecía más pequeño, más tranquilo. Abrazó su mochila buscando conexión con la realidad, pero la realidad le parecía aún más rara, "¿es acaso real no tener hogar?" pensó "¿será un sueño del que no me he podido despertar?". Cerró y abrió los ojos con fuerza para comprobarlo, pero ahí seguía, y en vez de la casita, ahora él se sentía pequeño. Prefirió volver a dormir, a soñar de verdad, a esperar que alguien lo encontrara aunque sea en sus sueños.
Palabras que usé del reto:
- Derrotar
- Vicio
- Minigolf
Gracias por leer :)